La crisis política y financiera sumó un capítulo de altísima tensión en el terreno de la comunicación y la libertad de prensa. Luego de recibir una drástica notificación de suspensión de actividades el pasado 4 de noviembre tras el descalabro vinculado a Ueno Bank, los trabajadores de prensa decidieron no acatar el apagón mediático. En una medida histórica y de pura resistencia, los comunicadores tomaron las instalaciones del medio La Tribuna para volver a salir al aire de manera autogestionada e independiente, desafiando de frente el intento de silenciamiento.

«Aceptar el silencio no es una opción, porque la información es un derecho inalienable de la sociedad, no un favor del poder», denunciaron con contundencia a través de un comunicado oficial difundido tras retomar la señal. Los periodistas remarcaron que, aunque la patronal pretendió vestir la clausura bajo el ropaje de un mero «trámite administrativo», la verdadera intención de fondo fue apagar la voz de un medio incómodo en pleno clímax del juicio político y el derrumbe institucional del país.
La valiente toma del medio desató una inmensa ola de apoyo popular y adhesión en las redes sociales, convirtiéndose en un verdadero símbolo de lucha en medio de la tormenta social. «Regresamos con más rigor y la frente en alto; las ideas no se clausuran y la voz de un pueblo informado no se detiene», sentenciaron los trabajadores, dejando en claro que La Tribuna sigue de pie para contar toda la verdad de la debacle sin censura ni presiones oficialistas.


