La exfigura de las pasarelas reveló que su incursión en el mundo de la moda no fue celebrada por su progenitor, sino que generó una profunda herida en su relación. Según Martino, su padre, un hombre de valores muy tradicionales, sintió que el honor de la familia se veía comprometido por la exposición pública que conllevaba su profesión. Para él, ver a su hija en revistas o desfiles no era un logro, sino un motivo de «humillación» ante su círculo social, lo que obligó a Laura a cargar con un peso emocional muy grande mientras construía su camino al éxito.

A pesar de que el modelaje le abrió puertas internacionales y la consolidó como una de las referentes más importantes del país, el camino hacia la aceptación familiar fue largo y doloroso. Laura explicó que, en aquel entonces, los prejuicios hacia las modelos eran mucho más severos, y romper con esa barrera mental dentro de su propia casa fue su mayor desafío. Este testimonio pone luz sobre el sacrificio que muchas mujeres de su generación realizaron para profesionalizar la industria del modelaje, enfrentándose incluso al rechazo de sus seres más queridos para validar su vocación.
Con el paso de los años, la trayectoria impecable de Martino y su transición hacia la formación de nuevas modelos permitieron que esa tensión inicial se disipara, aunque la marca de ese «choque de mundos» quedó grabada en su historia personal. Hoy, desde su rol de empresaria y mentora, Laura utiliza su propia experiencia para aconsejar a las jóvenes y a sus familias, enfatizando que el modelaje es una carrera digna que requiere disciplina y carácter, transformando aquella vieja «humillación» en un legado de profesionalismo y superación.

