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El piso de Kaos, el ciclo emitido por GEN y conducido por Carmiña Masi, se convirtió en el escenario de una verdadera batalla mediática que cruzó las pantallas y llegó hasta las líneas telefónicas. La chispa se encendió cuando el panelista Lucas Renatto aseguró que el reconocido periodista Roberto Coronel estaba “desesperado por la fama”, una afirmación que cayó pésimo en el comunicador de la zona de Villa Morra. Indignado por los dichos, Coronel no dudó en responderle a través de la conductora tachando sus interpretaciones de «antojadizas» y tirándole sin asco que estaba “más volado que Freud”. Renatto retrucó al instante señalando que su rival intentaba «meter una metáfora inteligente bajándole el precio por estar en un programa de espectáculos», mientras Carmiña acotaba que a varios colegas en el medio les «canta la cosita de la fama».

La tensión escaló a su punto máximo cuando el propio Roberto Coronel llamó en directo al programa para ponerle los puntos sobre las i al panelista. Lejos de achicarse, el periodista aclaró que más que enojado estaba profundamente indignado y descalificó las respuestas de Renatto tildando su postura de «espectáculo esquizofrénico» sin apego a la realidad. Renatto no se quedó callado y usó la ironía para defenderse: “Soy tan tonto que un periodista de trayectoria está llamando a un programa para responderme a mí”. Ante esto, Coronel saltó a recordar que los comunicadores también son seres humanos con derecho a reaccionar, sacando a relucir sus 24 años de trayectoria en los medios masivos de comunicación.

El cierre de la llamada telefónica dejó la vara altísima en cuanto a sarcasmo y chicanas al aire. En un tono cargado de acidez, Coronel agradeció la «visibilidad» otorgada por el espacio de farándula y se ofreció a regalarle a Renatto libros como El miedo a la libertad o El arte de amar para afinar sus conceptos. Para rematar un momento televisivo que ya es viral, el experimentado periodista despidió a su interlocutor mandándole un letal “beso de Judas”, sellando un picante intercambio de indirectas que demostró que en Kaos la polémica no tiene límites ni fronteras.