Más de treinta años de éxitos internacionales no han cambiado a Marc Anthony. La leyenda de la música latina sigue rompiendo récords, pero su verdadero escenario parece estar lejos de los reflectores. Con una carrera que lo ha llevado de Nueva York a cualquier rincón del planeta, el cantante ha logrado mantener intacta su esencia, la música, la creatividad y la familia como eje central de su vida.

Lejos de las alfombras rojas y las fiestas exclusivas, Marc ha encontrado en su hogar un laboratorio de ideas y proyectos. Entre canciones, diseños de ropa y bolsos, el artista neoyorquino de raíces puertorriqueñas pasa noches enteras creando, demostrando que su pasión va mucho más allá del micrófono. “Coser, inventar, componer… eso me mantiene vivo cuando no estoy sobre el escenario”, confesó recientemente, dejando entrever que la disciplina y la creatividad son su verdadera medicina contra el aburrimiento.

A su lado, Nadia Ferreira y su hijo Marquitos, de dos años, son la prioridad absoluta. Para Marc, la fama no es sinónimo de excesos, sino de equilibrio, un sábado por la noche puede preferir su almacén antes que cualquier fiesta, disfrutando la tranquilidad que para él es un lujo escaso. Hoy, más que nunca, se define como un hombre en paz consigo mismo, un padre presente y un esposo que ha aprendido que la verdadera fama no está en los escenarios, sino en poder vivir cada instante con quienes ama.