El mundo del espectáculo internacional se vio sacudido tras filtrarse los impactantes resultados de una auditoría financiera que salpica al entorno más cercano de Tini Stoessel. Según los primeros reportes, la investigación contable habría iniciado a instancias de su pareja, el futbolista Rodrigo De Paul, quien la motivó a revisar el destino de sus ganancias tras su compromiso. Para sorpresa de la artista, el informe reveló que la fortuna que construyó a lo largo de su carrera, estimada en 70 millones de dólares y todos los derechos económicos derivados de su imagen no están a su nombre, sino bajo el dominio exclusivo de sociedades pertenecientes a su padre y exrepresentante, Alejandro Stoessel, en las cuales ella ni siquiera figura como socia.

Los detalles filtrados exponen un esquema sumamente rígido sobre los ingresos de la cantante, quien no contó con acceso directo a sus cuentas principales ni a contratos con honorarios pagados a su nombre. De acuerdo con estas revelaciones, Tini cobraba únicamente cuando su progenitor lo autorizaba y mantenía un límite de gastos en tarjeta de crédito de tan solo 5.000 dólares. Al descubrir las severas irregularidades y constatar que su patrimonio no le pertenecía legalmente, la intérprete tomó la drástica decisión de apartar a su padre de la gestión ejecutiva, rompiendo de forma abrupta un vínculo profesional que se había mantenido ininterrumpido durante 15 años.

Pese a haber desvinculado a Alejandro Stoessel de la representación de su carrera, el panorama legal y financiero para la artista se proyecta complejo. Las evaluaciones contables indican que los activos, los derechos de explotación artística y todo el patrimonio acumulado durante más de una década de trabajo pertenecen jurídicamente a las firmas del padre. De esta manera, mientras Tini busca retomar el control absoluto de sus futuros proyectos, se enfrenta a una delicada disputa legal para intentar recuperar la titularidad de los millones de dólares que generó desde sus inicios en la industria.