Lo que debía ser pura fiesta terminó convertido en un escándalo viral. La participación de una promotora identificada como Jennifer Contrera en los corsos encarnacenos desató una avalancha de comentarios en redes, donde usuarios cuestionaron su desempeño y aseguraron que no estaba preparada para un evento de tal magnitud, además de no tener cartel de famosa. Videos y publicaciones comenzaron a circular con críticas sin filtro sobre su forma de sambar, generando burlas, debates y una fuerte discusión sobre el nivel de quienes se presentan en la pista.

El revuelo no quedó solo en un nombre. Este año, los corsos se convirtieron en tema de conversación por la presencia de varias señoritas que, según comentarios de internautas, no estarían a la altura del espectáculo. En medio del ruido digital, algunas participantes fueron expuestas públicamente con acusaciones sobre falta de preparación e incluso supuestos excesos con el alcohol.

Como si fuera poco, mensajes que circularon masivamente insinuaron que algunas participantes habrían desfilado en estados poco favorables, lo que encendió aún más el morbo y la controversia. El público, que paga el acceso al show, exige mayor profesionalismo en el Carnaval y quienes advierten sobre los peligros de la exposición pública y los juicios rápidos en redes sociales.